María Teresa Tovar Samanez
Magíster en Sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú y con Maestría en Educación en Valores por la Universidad de Barcelona. Docente de la Maestría en Gerencia Social de la PUCP. Ha sido asesora de los Ministros Marcial Rubio Correa y Javier Sota Nadal, Directora Ejecutiva de la Consulta Nacional de Educación y Miembro del Consejo Directivo de Foro Educativo. Autora de diversas investigaciones y publicaciones sobre políticas educativas, género y educación, inclusión educativa de personas con discapacidad y trabajo docente.
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24 de enero del 2012
Sumar, restar y recordar
Un reciente informe periodístico (Tribuna Abierta dic. 2011) muestra que hay jóvenes limeños que desconocen quién es Abimael Guzmán y lo que significó la década terrorista.
¿Porqué? Quienes tienen hoy de 20 a 24 años eran niños cuando capturaron a Abimael y probablemente recuerden las bombas, explosiones, muertes, cortes de luz, el miedo en los ojos de sus padres. Estas vivencias pudieron ser cimiento de un conocimiento construido sobre la bases de los ¨saberes previos¨. ¿Qué pasó? Las instituciones y espacios formadores: escuela, familia, medios de comunicación, se abstuvieron de hacerlo. Un velo pesado de censura invisible a estos temas se alentaba desde espacios conservadores, cuestionando por ej. la difusión del Informe Final de la Comisión de la Verdad. Ello extendió su eco a los ámbitos y espacios educativos, de modo que no se tomó en cuenta a cabalidad las Recomendaciones de la CVR para Educación. Luego (2008) se pretendió censurar (infructuosamente) los libros de Ciencias Sociales del 5to. Secundaria por supuestamente hacer una ¨apología al terrorismo¨. Nuevamente el silencio como propuesta pedagógica y política.
¿Cómo? Contrarrestar esta situación significa varias cosas. Comencemos por tomar en cuenta las recomendaciones de la CVR. Resumiendo: 1. Difusión del informe como preservación de la memoria ética e histórica de la nación, extrayendo lecciones aprendidas; 2. Emprender una reforma educativa que enfatice la cultura de paz sobre la base de que la paz como actitud se aprende, fundamentalmente, con el ejemplo, e incluya una reforma curricular que ponga mayor énfasis en cursos de formación humanística, al lado de la formación científica, particularmente en el área de la historia y permita formar estudiantes informados y reflexivos; 3. Atender la diversidad cultural, étnica y lingüística y en especial la Educación rural; 4. Reforzar las instancias de participación y de democratización de la escuela; 5. Erradicar la violencia sancionando drásticamente el castigo físico y la humillación en el aula.
La reforma educativa no solo se edifica sobre la base de currículos o textos, requiere procesos de inclusión social y ciudadana, de modo que los estudiantes se perciban unos a otros como iguales; necesita que el debate y la memoria histórica se asuman en las clases sin temor a censuras; precisa que los docentes tengan la capacidad profesional y humana de abordar estos temas, remontando la historia donde muchos de ellos fueron víctimas del terrorismo. Conocer quién fue Abimael Guzmán es tan importante como saber qué era la Santa Inquisición. La memoria ética/histórica como cimiento de formación ciudadana constituye una capacidad básica tanto o más importante que las matemáticas.
La escuela no está sola en esta tarea. Es responsabilidad de las autoridades emprender reformas inclusivas que instauren equidad y democracia. Es labor de organizaciones sociales, líderes, funcionarios, y medios de comunicación dar muestras efectivas de tolerancia y apertura, antídotos eficaces contra el terrorismo y cualquier forma autoritaria.
Publicado en el diario "La Primera" 23/01/12
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